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Archivos Mensuales: junio 2009

Con este título Carlos Bernal defiende en 69 sustanciosas páginas las principales tesis del debate entre los juristas españoles Luis Prieto Sanchís y Javier Garcia Amado. Dicha polémica se dio en el marco del creciente interés que existe por el constitucionalismo y la manera como  jueces y abogados lo llevan a la pràctica.

Un comentario muy breve al respecto me invita a sugerir dos ideas que quiza merecerían un detalle más extenso: a) hay más de un constitucionalismo y b) constitucionalismo y positivismo tienen, pese a todo, muchos puntos en común. Sobre la primera idea, es posible señalar que, en efecto, hay muchos tipos de constitucionalismo y que no siempre son compatibles entre sí. Por mencionar un ejemplo: Carlos Nino es considerado un autor afin al constitucionalismo pero Nino negaba, con toda dureza, la tesis del activismo de los jueces (que si acepta otro autor constitucionalista como Zagrebelski). Sobre la segunda premisa, Carlos Bernal refiere que las normas -incluidos los principios- no poseen una entidad prelinguistica o axiológica definida y en esa medida son objeto de una actividad de concreción que se sitúa, por caso, en la técnica de la ponderación. Agrega que en tanto los principios son considerados normas, estos para ser validos en el campo jurídico deben tener un nivel de concreción como el de las normas regla, el cual se realiza una vez que son sometidos a la interpretación. Esta ultima tesis parece persuasiva pero me genera algunas dudas ¿es qué acaso la ponderación es la única técnica interpretativa a seguir cuando se interpretan principios?

El libro vale realmente la pena y merece ser discutido con mayor atención. Este ha sido, apenas, un brevísimo comentario de una polemica estimulante y vigorosa que pone en cuestión varias de las tesis más asentadas de la teoría jurídica contemporanea.

Cuando pienso en Lima, y lo que era hasta hace poco, no puedo dejar de pensar en Alberto Andrade. El alcalde Andrade le dio a Lima una dinámica y una alegría que había perdido en ese trance traumático de las migraciones  de los años 60.

La Lima a que dieron paso las migraciones, era una Lima desfigurada, sin alma, sin espiritu, o  con un alma distinta a la que tuvo antes. Con Andrade la ciudad recuperó su mistica que muchos vecinos (me incluyo) dabamos por perdida. Han pasado varios años desde entonces y ahora Lima esta mejor -que duda cabe- pero todavía con muchos problemas. Talvez el más grave: el problema del transporte público. El día que Lima tenga un sistema de transporte público que lo asemeje a las mejores capitales de Sudamerica talvez se convirta en la gran ciudad que alguna vez fue.

En la actualidad Lima sufre un cambio radical. El alcalde Castañeda ha decidido romper las pistas de toda la ciudad, construir muchos parques, levantar muchas paredes, pero no sé si sea lo correcto. En lo personal, extraño el impulso cultural que Andrade le imprimió a la ciudad y su sensibilidad por ver sus problemas como algo más que ladrillos y cemento.

Alberto Andrade falleció el último jueves en una Clínica de los Estados Unidos. Sus restos llegarán a su querida Lima este jueves y vale la pena ir, aunque sea un momento, a darle el último adios a un alcalde que amo e hizo tanto por esta tierra.

Donde estes Alberto Andrade, va nuestro homenaje!!!

Acabo de leer ” La letra y el espiritu de la ley”, el último libro de Diego Eduardo Lopez Medina. El libro no tiene pierde, es una obra creativa y valiente. Creativa porque introduce el enfoque de la escuela hermeneutica desde un punto de vista poco explorado por la teoría jurídica contemporanea: el del lenguaje. Lopez Medina desarrolla en su libro la tesis de las implicaturas, el famoso concepto que tan bien estudió el filosofo y linguista Paul Grace.

Pero el libro es también valiente porque abre una puerta peligrosa. La puerta de la originalidad, de la critica. En tiempos en que el derecho se ha adosenado tanto y se dice tan poco, pensar el derecho y dar de bruces con sus principios, con sus pilares, es un acto de amor por la disciplina.

ADDENDA: Tuve la suerte de conocer en estos días a un joven jurista extraordinario, Leonardo Garcia Jaramillo. Pese a su juventud, o talvez por ella, Leonardo ha traducido obras de autores importantísimos como Sunstein o Pogge. Y ha publicado además distintos artículos y libros que muestran su talento y creatividad. Para que esta nota este realmente acabada era, por tanto, imprescindible incluir en ella la reseña que Leonardo preparó del libro de López Medina. La incluyo a continuación y pienso sinceramente que la reseña les será un millón de veces más provechosa que el mínimo comentario que le dedico al libro en este post.

Ha corrido mucha agua bajo el puente, y en estos días de inopinada ausencia he meditado y pensado en cosas tan etereas como el futuro, el amor, el destino, las dificultades de la vida, la persistencia, la fe, el buen animo, las cartas, la ausencia (la presencia) y hasta ahora, mientras todos esos conceptos se entremezclan, sólo tengo una alternativa: tratar de ser auténtico… aunque el mundo (mi mundo) se ponga boca abajo.

El gobierno ha estrenado en los últimos días una nueva forma de comunicarse con el pueblo. Se trata de atacar a quienes están en contra de sus políticas y de desinformar, burdamente, a la ciudadanía. Este estilo que lo acerca, paradojicamente, a sus fantasmas de siempre (comunismo, chavismo, y muchos ismos más) se ha puesto en práctica para desprestigiar a los líderes indigenas y responsabilizarlos de la violencia desatada en la selva. El gobierno piensa que con spots como estos va a cubrirse las espaldas, y que nadie va a señalarlos cuando sea hora de culpar a los verdaderos responsables de las matanzas recientes. Es una verguenza que el gobierno actúe así, cuando a ojos vista tiene responsabilidad, y mucha, en lo sucedido. Y esto para nada quiere decir que los líderes indigenas no hayan cometido delitos. Los han cometido y se debe, con las garantías que la Constitución señala, juzgarlos por sus actos. Pero no vamos a caer en el juego sucio del gobierno de echarle la culpa al contrario por unas muertes y unos reclamos en los que todos -todos!- tenemos gran responsabilidad.

A continuación la “obra maestra” de la publicidad estatal:

La democracia se basa en la inclusión y la participación de los distintos grupos y sectores sociales. En ese entendido, para que la democracia sea posible es preciso que se generen las condiciones morales necesarias. Entre éstas podemos mencionar a: los derechos, las instituciones, y la estabilidad económica. En nuestro país ninguna de las tres ha sido una condición satisfecha. Por el contrario, la historia revela que, con mayor o menor intensidad, cada una  ha sujetado a las demás y ha hecho imposible la formación de una cultura ciudadana acorde con la democracia. Un ejemplo de como el derecho en su versión más débil ha servido para frustrar la noción de democracia es lo sucedido ayer en el canal 5. Un administrador judicial “tramposo”, unos trabajadores impagos, unos acreedores impacientes y un gobierno deseoso de intervenir en la reestructuración de una empresa quebrada. Esta ecuación compleja, rocambolesca, desordenada es justamente la que se dio ayer. Sin ningún fundamento legal (por lo menos sin ningún fundamento legal solido) la SUNAT intervino canal 5, dejo en vilo a sus acreedores y en la calle a sus ya, desde hace varios meses, sufridos trabajadores. ¿Qué consecuencias traerá todo esto? a) que un juez en un plazo sempiterno declare la inconstitucionalidad de la intervención y b) que un gobierno, indolente con la idea de democracia antes reseñada, se regocije, hasta que ese proceso termine, con un medio más a favor de sus “nobles intereses”.

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