La farandulización de la política
¿Cuán efectiva será la propuesta de exigir, como un requisito mínimo para ser candidato al congreso, determinadas aptitudes (de preferencia académicas y profesionales)? A juzgar por lo expuesto por quienes estan a favor de esta medida parece que mucho, pues sostienen que con esta propuesta, que esperan se implemente lo más pronto posible, el Perú se librará de los aventureros que por no tener nada mejor que hacer se dedican a la política.
La propuesta me parecería acertada si no fuera porque los hechos desmienten una a una sus supuestas virtudes: primero, la preparación y la experiencia para ser un buen político no la dan ni los años ni la universidad, hay ejemplos excepcionales de políticos muy destacados que no fueron a la Universidad y que tampoco tenían experiencia. La preparación y la experiencia son, sin duda, activos importantes cuando se trata de elegir a un buen profesional, pero no cuando se trata de elegir a un buen representante, pues un buen representante es aquel que esta al tanto de los problemas de su comunidad y expresa, de forma adecuada, sus preocupaciones e intereses. Segundo, muchos de los escándalos de éste y anteriores congresos han sido protagonizados por políticos con titulo profesional y experiencia, pensemos sino en los casos de Miguel Angel Mufarech, Martha Chavez, Carlos Torres Caro, o, en el colmo del absurdo, Susy Diaz que, por si no lo saben, es secretaria de profesión y, además, se ha desempeñado como tal por más de 10 años.
Hay mucho de mitología cuando se dice que el Congreso será mejor solo porque los congresistas tienen un titulo; los peores momentos del Congreso, aquellos que, por ejemplo, inspiran propuestas como esta, han sido producto de congresistas que, paradójicamente, sí cumplían con este requisito y nada nos hace pensar que en el futuro vaya a ser distinto. Por último, este tipo de propuestas encierran un temor injustificado contra la democracia, el cual reside en pensar que los ciudadanos no están en capacidad de discriminar quienes expresan mejor sus intereses, sin detrimento de si son profesionales o no. ¿Es razonable, pues, limitar el acceso al parlamento a quienes no poseen un titulo profesional?, ¿no será más bien que este tipo de medidas en el fondo esconden un sesgo elitista que, por sus propias connotaciones, antes que un bien genera un daño terrible a la democracia? El pueblo es más sabio, pese a todo, que sus representantes y por mucho que estos se empeñen en tapar el sol con un dedo no acepta ni aceptará tamañas imposturas.