¿Quién elige al defensor?

por heberjoel


El retraso en la elección del Defensor del Pueblo –que a estas alturas parece definitivamente destinada al fracaso- debería hacernos pensar sobre la importancia, cada vez más creciente, del mecanismo de elección de esta autoridad y las enormes dificultades que hoy afronta considerando los retos  y las condiciones, tanto políticas y sociales, en las que, quien sea elegido, asumirá el cargo.

Las razones aducidas por los líderes de las bancadas para no elegir al Defensor del Pueblo son bastante cuestionables. Unos señalan que el candidato propuesto por la Comisión no tenía las credenciales democráticas necesarias para ser elegido. Otros, que era cercano al APRA, otros, finalmente, más adustos, que no tenía la experiencia ni los conocimientos para el cargo (¿quién sí los tiene?). Todas estas razones, según se vea, pueden ser valederas, aunque podamos discrepar y mucho, sobre su definición, pero debieron ser expresadas antes, y no a última hora cuando ya los acuerdos estaban muy avanzados.

¿Qué se puede hacer ahora? Para ser sinceros, no mucho. Lo más probable es que el Defensor del Pueblo sea elegido en la próxima legislatura, la cual se inicia a mediados del mes de marzo del año próximo. Haciendo un cálculo optimista eso significa que recién en el mes de abril se conformará la nueva comisión que vería este asunto, y que tendría la responsabilidad de proponer en, aproximadamente, dos meses más al candidato de consenso de todas las bancadas. En suma, resulta que, en el mejor de los escenarios posibles, el próximo Defensor del Pueblo sería elegido recien a mediados del año próximo, y no a finales de éste como estaba previsto.

Pero el Congreso puede hacer también otra cosa. O dos para ser más exactos.

La primera, que yo llamaría de corto plazo, sería aprovechar el receso parlamentario para buscar el consenso político necesario y nominar en una sola terna tanto al Defensor del Pueblo, como a los Magistrados del Tribunal Constitucional y del Banco Central de Reserva que también deben ser elegidos. Si los Congresistas optan por este camino, cuando se inicie la próxima legislatura, en marzo del 2013, sólo tendrán que designar a una nueva Comisión, pero a sabiendas de que su misión ya estaría prácticamente finalizada. Así, tendríamos un nuevo Defensor, y nuevos miembros del TC y el BCR, a más tardar en abril del 2013, lo cual, como parece evidente a estas alturas, sería un éxito rotundo, a juzgar por todas las dificultades que se han presentado.

Lo segundo que puede hacer el Congreso, es repensar el mecanismo de elección de estas importantes autoridades. ¿Sigue siendo oportuno, por ejemplo, que el Congreso se aboque exclusivamente a su nombramiento? ¿Por qué no explorar otras alternativas? Una de ellas podría ser la de las ternas a cargo de otras instituciones independientes o poderes del Estado. Este mecanismo le daría mayor consistencia a la elección de estas autoridades y permitiría empoderar a la sociedad civil en cuanto a su elección, abriendole las puertas del Estado a profesionales íntegros y competentes, sin que las componendas, la mezquindad o la simple omisión de los congresistas, sean un obstáculo para ello.

About these ads