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Lincoln y Obama

Obama frente al monumento a Lincoln

Obama frente al monumento a Lincoln

En los Estados Unidos aún se celebra la llegada a la presidencia de Barack Obama. Esta vez a partir de una pequeña, pero significativa, ceremonia en la que el nuevo Presidente rendirá homenaje a uno de los padres fundadores: Abraham Lincoln. Las coincidencias entre Obama y Lincoln son pasmosas. Según El País:

El viento de fronda avivado por Obama, el primer negro en llegar a la Casa Blanca, ha puesto de actualidad la figura de Abraham Lincoln. Barack sería el último eslabón de la cadena iniciada por Lincoln con el decreto de emancipación de los esclavos y, lo que es más importante, con la posterior constitucionalización de su libertad a través de la decimotercera enmienda a la Constitución. Sea o no cierta esta interpretación histórica, Obama, demócrata, ha hecho suya la figura del larguirucho, como él, Lincoln, subrayando sus coincidencias y recuperando lo esencial de su discurso político. El 44º presidente inició su campaña a la Casa Blanca en las escalinatas del Capitolio de Springfield (Illinois) al igual que lo hizo Lincoln. Ambos son abogados y fueron primero congresistas en el mismo Estado al que posteriormente representaron en el Congreso de Washington. Las ideas de unidad y reconciliación nacional, no es un país de blancos o negros, o de republicanos o demócratas; de la defensa de la igualdad de oportunidades; incluso de intervención del Estado en la economía, también muy presente en Lincoln en una fuerte depresión, cuando defendía las obras públicas y la construcción de ferrocarriles, o la ayuda a los bancos, o también la creación de un banco público, son compartidas por los dos presidentes. También les aproxima su elocuencia virtuosa y su creencia en la fuerza de las palabras. Obama estudió detenidamente los discursos de Lincoln al preparar el suyo en la toma de posesión.

 

Barack obrero

El Presidente Barack Obama ha tenido una semana dificil: conseguir el apoyo en la camara alta a su propuesta de rescate financiero; la evidencia, cada vez más clara, de que la crisis econòmica no sólo no ha menguado, sino que crece día a día; el nombramiento de los nuevos secretarios de Estado, etc. son la prueba de que las cosas no le son para nada fáciles y que la expectativa que ha generado su gobierno irá en aumento a medida que tome más decisiones. Pero pese a la presión aún le alcanza el tiempo para decir algo acerca de los sindicatos (Tomamos la cita siguiente del artìculo publicado hoy por Santiago O’Donell):

Hasta ahora el sistema funciona así: si un sindicato quiere organizar una empresa, debe obtener apoyo por escrito de al menos el 30% de la fuerza laboral. Una vez que junta las fichas, debe presentarlas en una oficina federal, el NLRB, que a su vez debe convocar y supervisar una elección, secreta pero dentro de la empresa, a la vista de los patrones, en un plazo de 42 días, prorrogable a pedido de la empresa, en la que los trabajadores votan por sí o por no la sindicalización, para la cual hace falta la mitad más uno de los votos.

Sucede que las empresas usan los períodos de campaña electoral para apretar y asustar a los trabajadores. Por un lado amenazan con cerrar la empresa si pierden la elección, por el otro estudios serios muestran que un quinto de los representantes gremiales eran despedidos de sus empresas durante el período de campaña. Incluso el Estado subsidiaba los “programas de desaliento laboral” que las empresas implementaban durante las campañas. Como los gremios ya conocían el sistema de aprietes, rara vez se presentaban ante el NLRB con menos del 50 por ciento de las fichas para no gastar sus energías en causas perdidas de antemano.

El proyecto de ley que apoya Obama, llamado Employee Free Choice Act (EFCA), elimina un paso clave del proceso. Bastaría con presentar el 50 por ciento de las fichas para obtener la sindicalización, sin tener que ir a elecciones, De esta manera los organizadores sindicales podrían organizar la fuerza laboral sin que la empresa se enterara, eliminando de hecho el período de apriete patronal.

La medida es importante porque le devuelve sus derechos a los sindicatos. Estos no serán más victimas de la presión de las empresas  y  podrán, como ocurre en todo país civilizado, interponer reclamos e iniciativas más atractivas y eficaces:

Por su parte, la poderosa Asociación Nacional Industrial le mandó una carta abierta al presidente, en la que le advertía, en tono amistoso, que no sería conveniente introducir un tema tan “divisivo” como el debate por el EFCA. “Este no es el tipo de tema sobre el cual se construye una relación”, señaló la asociación.

Pero Obama no se amedrentó. Además de mantener la nominación de Solís, a pedido de los sindicatos se puso al frente del rescate de las automotrices, que según los analistas financieros son “inviables”.

Encima de eso, el 30 de enero invitó a los líderes sindicales a la Casa Blanca, en un gesto que por su importancia histórica es comparable a la llegada de las Madres de Plaza de Mayo a la Casa Rosada a poco de asumir Néstor Kirchner.

Ese día Obama pronunció la ya famosa frase de que el fortalecimiento de los sindicatos no sólo no es un obstáculo, sino que es imprescindible para la recuperación económica. También dijo que la economía debe reconstruirse de abajo hacia arriba y no al revés, contradiciendo la teoría del derrame.

Ese último término me parece interesante: la teoría del derrame. ¿Le sonará a algo al gobierno?  La iniciativa de Barack Obama marca un derrotero decisivo de cara a lo que se viene. Muchos pueden, a partir de esta propuesta, juzgar el color de los planes que realizará en el futuro. Aquí en el Perú, como intuyo sucede en muchos paìses de América Latina, los sindicatos no sólo han sido devastados sino que dependen de los favores del Estado. Los sindicatos carecen de autonomía y no tienen representación polìtica. Una reforma del Estado que contemple este tipo de aspectos -libertad sindical, derecho al trabajo, participación política- es un imperativo que debemos tomar en cuenta a la hora de pensar el futuro “posible” del Perú.