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Algo sobre Caicedo

Andrés Caicedo

Andrés Caicedo

Ivan Thays ha sido bastante crítico con la memoria del escritor colombiano Andres Caicedo. En su blog, Moleskine literario, lo acusa de ser un autor sobrevalorado, y peor todavía, de malísimas novelas como Viva la música que yo, personalmente, encuentro estupenda.

Las criticas de Thays no se ciñen por supuesto al plano literario, para él “todo” Caicedo es exagerado. Empezando por su look de rockero nerd, o de bisexual reprimido que, valgan verdades, me parecen bastante ofensivas:

Segunda confesión: Apenas me enteré por internet de la aparición de Mi cuerpo era una celda (Norma) supe que era un libro que jamás leería. Las fotografías de Caicedo como hippie o como nerd me hartan -la edtorial Norma en Lima ha mandado hacer una ridícula publicidad con la silueta recortada de Caicedo cogiéndose los huevos-, su novela y sus cuentos me parecen malos, su actitud suicida es una mitología adolescente de la que ya tuve bastante con Luis Hernández (quien, a diferencia de Caicedo, por lo menos era un buen poeta). ¿Por qué tendría que leer, entonces, un libro dedicado a un autor que considero menor y sobrevalorado? Lo único que me tentaba era que el autor era Alberto Fuguet (amigo mío y a quien respeto como escritor) y la curiosidad del método de composición que Alberto había elegido -a manera de montaje a partir de la correspondencia y los artículos de Caicedo- para redactar el libro. Pero eso no era suficiente para comprarlo. Desde que dejé Vano Oficio ya no me regalan nada, así que debo pensar bien qué comprar y qué no. Y este libro era un no rotundo.

El mundillo literario, y en particular el mundillo literario peruano, es muy pequeño. A él pertenecen los autores no más talentosos, sino los mejor conectados, los que tienen acceso a editoriales y revistas . No quiero decir con esto que Thays sea un mal autor. Sí, en cambio, que su crítica a Caicedo late, o parece hacerlo, por la herida de un autor que pese a su juventud, no hay que olvidar que Caicedo murió a los 25 años, fue un pionero de la literatura urbana de los años 90. Y eso sin pertenecer a ninguna camarilla, sin tener amigos importantes, sólo en la soledad desde la cual la literatura, la mejor literatura, es posible.