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Liberalismo a la peruana

Hoy apareció una versión abreviada de este artículo en el blog de la Facultad de Derecho de la Universidad del Pacifico, El Cristal Roto, que pueden visualizar aqui. La versión completa del artículo a continuación:

 

Liberalismo a la peruana*

Por: Heber Joel Campos Bernal[1]

En días recientes se ha discutido, sobre todo en la prensa y publicaciones académicas[2], las bondades de la denominada ley zanahoria, titulada así en honor a la ley que promovió el recordado y excéntrico alcalde de Bogota Antanas Mockus. A diferencia de Bogota en Lima la reacción no ha sido tan positiva, han surgido comentarios y críticas que señalan, por caso, que la ley es un disparate y que no contribuirá en nada a resolver los problemas de la ciudad. A continuación expongo, de forma bastante breve, los principales argumentos de estos críticos para, renglón seguido, desarrollar algunas ideas que los desmienten:

  1. La ley zanahoria atenta contra la libertad individual porque todos tenemos derecho, si así lo queremos, a emborracharnos hasta altas horas de la madrugada[3].
  2. La ley zanahoria atenta contra la libertad de empresa porque impone una carga sobre aquellos negocios que venden licor después de la medianoche[4].
  3. La ley zanahoria es una muestra del estado interventor y del socialismo más abyecto[5].
  4. La ley zanahoria no resolverá los problemas que, supuestamente, desea resolver porque los accidentes de tránsito y la inseguridad ciudadana no son producto de unos cuantos “borrachines” sino de la inacción del estado que no cumple a cabalidad sus funciones[6].
  5. La ley zanahoria prohíbe que se venda licor para que se reduzcan los accidentes de tránsito, pero nadie prohíbe que se fabriquen carros para que no hayan accidentes de tránsito, o comida chatarra para prevenir la obesidad, o, ¡que descaro!, puentes para que la gente no se lance de ellos y muera[7].

Antes de analizar las críticas mencionadas, deseo plantear los lineamientos principales del libertarismo jurídico (o liberalismo conservador), corriente de pensamiento en la cual se inspiran estas.

El libertarismo plantea, a grandes rasgos, el estado mínimo, esto es un tipo de estado según el cual sus funciones se reducen esencialmente a brindar seguridad a los individuos, garantizar el derecho de propiedad, y respetar la inviolabilidad de los contratos[8]. Fuera de este marco, toda intervención del estado, por ejemplo: la asignación de recursos a los más necesitados, presión tributaria, derechos sociales, etc, estará vedada. El pilar de su teoría se centra en aquello que, parafraseando a Nozick, probablemente el libertario más representativo de la última mitad del siglo XX, consiste en optimizar los derechos individuales, garantizando que todos tengan las mismas oportunidades (de celebrar contratos privados) pero sin que ello implique, en ningún caso, un deber de protección frente a los demás[9].

El libertarismo replica, frente a dos de las más importantes objeciones en su contra (las planteadas por Gerald Cohen para quien: a) lo decisivo no es determinar si alguien esta dispuesto a celebrar un contrato sino si esta de acuerdo con sus consecuencias y b) que la porción efectiva de cada persona depende no sólo de cuánto tiene, sino también de lo que tienen los demás[10]) que el estado no puede garantizar una situación de igualdad plena, y que si así fuera no sólo se coactaría la libertad de los demás, sino que se distraería de su verdadero rol, el cual es garantizar que todos, sin excepción, tengan la misma libertad para hacer lo que les plazca.

La defensa ensayada por el libertarismo no parece ser muy convincente, a juzgar por el hecho de que no es posible hacer lo que nos plazca si no se cuenta con los recursos (materiales) suficientes para ello[11]. Estos recursos si bien no pueden ser provistos por terceros, directamente, sí deben ser provistos por el estado, en la medida que sin ellos la protección efectiva de los derechos (y por tanto la supervivencia del sistema democrático) no es posible[12]. Asimismo, resulta importante tomar en cuenta que el libertarismo parte de una situación ideal, la cual es que todos los individuos tienen acceso a las mismas oportunidades. Esta situación ideal se asemeja a la utopia marxista según la cual, en el futuro, en el estado comunista, no sería necesario regular la propiedad, por la sencilla razón de que esta sería de todos[13]. La utopia libertaria, sin embargo, no advierte que la desigualdad es un problema latente y que su solución no consiste en garantizar que todos los individuos tengan derecho a hacer lo que les plazca sino en que hacer aquello que les plazca sea verdaderamente posible.

Ahora bien, un argumento de los pocos que los libertarios locales han planteado y que me parece en sí mismo descalificador, es que la ley zanahoria sería una muestra del socialismo más abyecto[14]. Esa tesis sería cierta si, por caso, la misma ley no existiera en democracias sólidas y florecientes como Colombia (que en sus dos siglos de vida republicana apenas ha tenido un lapso de 4 años de autoritarismo), Reino Unido (que aplica este tipo de prohibiciones e incluso otras más estrictas como no botar papeles en la calle o escupir en el piso, so pena de ser acreedor a multas que ascienden a la friolera de 50 libras, unos 220 soles por botar un papelito!), o Italia (donde en ciudades como Pisa o Florencia es casi imposible encontrar un bar abierto pasada la medianoche entre días de semana). Todos estos países, hasta donde sé, son democracias liberales  y, salvo Colombia, pertenecen al primer mundo.

Un argumento adicional en contra de la ley zanahoria expuesto por nuestros libertarios mestizos es aquel según el cual la misma no ayudará a resolver los problemas de inseguridad y accidentes que actualmente existen en la ciudad. Este argumento es falso por la sencilla razón de que los rábulas libertarios no aportan prueba empírica para probarlo, algo que sí, por ejemplo, pueden hacer quienes están a favor de la ley. En la Victoria, en el último año, los accidentes de tránsito se redujeron en un 30%[15] gracias a esta ley, de la misma forma que en Bogota, donde esta iniciativa funciona desde la gestión del alcalde Antanas Mockus, los accidentes de tránsito y la inseguridad urbana han disminuido notablemente[16].

Pero el argumento fuerte de los críticos de la ley zanahoria es que existen distintas actividades e instrumentos que son peligrosos per se y que no estan prohibidos. Citan como ejemplo los puentes (la gente no se tira de los puentes acaso?), los pisos (la gente no se muere al caer en  ellos acaso?); los autos (los accidentes de tránsito no son producto de los autos acaso?); los vuelos comerciales (los accidentes aéreos no son los más mortales acaso?) y un largo etc que abusan de la paciencia del lector y no ofrecen mayores luces para entender su punto de vista. Si a lo que se refieren los libertarios es a que no todas las actividades peligrosas deben ser prohibidas, estoy de acuerdo; si a lo que se refieren es a que dichas actividades no se prohíben porque hacerlo en más gravoso que no, estoy de acuerdo también, pero si a lo que se refieren, en cambio, es a que todas las actividades peligrosas deben ser permitidas, no estoy de acuerdo. No es cierto que todas las actividades peligrosas sean permitidas, de hecho la mayoría de ellas no lo son y las pocas que sí es porque pueden ser controladas en un nivel razonable.

Las actividades peligrosas son prohibidas cuando su control no es posible dentro de un nivel mínimo de razonabilidad, ese es el caso de las drogas, por ejemplo, los abortos clandestinos, o la emisión de dinero falso. En todos estos supuestos el estado tiene la responsabilidad de velar porque se respeten las normas que los prohíben y aplicar las sanciones que correspondan cuando se incumplan. Pero el problema no es ese. Los libertarios desean llevar la discusión al campo de las prohibiciones o limitaciones a la libertad negativa, cuando de lo que se trata es de cambiar los hábitos sociales. Si se sabe que los accidentes de tránsito se producen porque la gente consume en exceso bebidas alcohólicas, la ley busca que las personas no lo hagan; si se sabe que los bares y discotecas generan problemas de seguridad, la ley busca que ese riesgo no sea tan alto. Si lo conseguirá o no, si en el fondo la ley es desproporcionada o paternalista, esa es otra discusión, pero es en ese terreno, y no en el de la libertad negativa, en que debe darse.

Cambiar los hábitos sociales no es una tarea sencilla, implica, además de cambiar las reglas y el modo en que estas se interpretan, cambiar la actitud de la gente frente a conductas que, a todas luces, generan perjuicios pero que por comodidad, desidia o simple ignorancia se mantienen incolumes. El consumo de bebidas alcohólicas en exceso y, lo que es peor conducir en estado de ebriedad, son conductas que en nuestro país se replican constantemente, dejando un saldo terrible de muertes y pérdidas económicas que atentan contra quienes son las potenciales victimas de estos y contra la comunidad en su conjunto. La ley zanahoria tiene como finalidad no resolver el problema de la delincuencia y los accidentes de transito, si ese fuera su fin seria criticable no por atentar contra la libertad sino por un exceso de entusiasmo, la finalidad de esta ley es generar hábitos de consumo que, junto a otras políticas públicas que incidan en la prevención, permitan un mejor control del orden y la seguridad de los locales públicos de diversión.

Sunstein y Thaler[17] arriban a una conclusión parecida al momento de explicar lo que denominan paternalismo libertario. Según este concepto, a veces, los individuos tomamos decisiones partiendo del supuesto de que algo nos salvará, en el entendido de que lo que hacemos no es correcto (el típico ejemplo es el de quien maneja su auto bajo los efectos del alcohol: lucido aceptaría que eso es casi un suicidio, pero ebrio piensa que si puede hacerlo pese a que no esta en pleno uso de sus facultades físicas). Así, una medida que limite la libertad del individuo ebrio, pese a su oposición, no sería considerada como una violación de su libertad, ya que, al fin y al cabo, dicha medida lo llevará a obtener aquello que, lucido, acepta a pie juntillas: que no se debe conducir ebrio.

En suma, la ley zanahoria no es una prohibición inválida puesto que tiene como finalidad promover hábitos de consumo y de diversión acordes con la tranquilidad y el orden que la ciudad se merece. Los libertarios preguntan cínicamente: ¿pero si quiero emborracharme hasta morir por qué el estado me lo prohíbe? pues, por la misma razón por la que se prohíbe tirar papelitos en las calles de Londres o  tomar un taxi informal en Buenos Aires (evitando así el costoso taxímetro), porque de esta forma tenemos una ciudad más ordenada y generamos una cultura de respeto hacia ella, que potencie nuestra libertad y no que la acorte, como, irremediablemente, sucedería si dejáramos al libre albedrío de cada uno lo que, aunque no queramos, nos afecta a todos: la seguridad y la tranquilidad de la ciudad.


* Deseo agradecer los comentarios de Edward Dyer que me han sido especialmente útiles para enfocar mejor algunos pasajes de este artículo.

[1] Abogado PUCP (2007). Profesor del curso Introducción a las Ciencias Jurídicas, y Argumentación Jurídica y Razonamiento Judicial en la Facultad de Derecho de la PUCP.

[2] Este comentario se basa sobre todo en las siguientes publicaciones: http://enfoquederecho.com/el-plan-bien-zanahoria…-una-intervencion-absurda-e-inoportuna-a-nuestra-libertad/ (de Gustavo Rodríguez García, publicado en la web de Enfoque Derecho el 16 de enero de 2011); http://blogs.semanaeconomica.com/blogs/prohibido-prohibir/posts/el-efecto-zanahoria (de Alfredo Bullard, publicado en la web de Semana Económica el 16 de enero de 2011).

[3] “Si uno quiere tomar hasta morir, pues debe ser libre de hacerlo. Si se produce un daño, ciertamente deberá adoptarse la medida que corresponda. La propuesta opta por un modelo de intervención ex ante como si la autoridad edil contará con información perfecta sobre las consecuencias del consumo de alcohol en todos los supuestos.” Vid. http://enfoquederecho.com/el-plan-bien-zanahoria…-una-intervencion-absurda-e-inoportuna-a-nuestra-libertad/

[4] “la medida perjudica negocios legítimamente establecidos en aras de lograr los resultados de imposible verificación que hemos comentado”. Ibíd.

[5] “Susana Villarán cae en la misma simple y brutal tentación de negarnos nuestra libertad (lo cual no es de extrañar en una socialista)”. Vid. http://blogs.semanaeconomica.com/blogs/prohibido-prohibir/posts/el-efecto-zanahoria

[6] “Como algunos actos de violencia y de criminalidad están vinculados al alcohol, mejor prohibimos el alcohol a partir de ciertas horas. Fin del argumento. Así, en lugar de enfrentar la violencia y el crimen (un rol que claramente le compete al Estado) nos privan de libertad a todos. Plan Zanahoria que le llaman”. Ibíd.

[7] ¿Sabía usted que al año fallecen en el Perú entre 3,000 y 4,000 personas en accidentes de tránsito? Y que un número mayor de personas quedan heridas, muchas con daños irreversible. Y eso es sin contar los millonarios daños patrimoniales de este tipo de accidentes. Dado que son los automóviles los que causan estos daños sugiero sacar una norma que prohíba los automóviles. Finalmente, “Muerto el perro se acabó la rabia”. Ibíd.

[8] El libertarismo tiene en autores como Nozick, Hayek o Misses a sus principales exponentes. Ellos plantean la existencia del estado mínimo, que no este guiado por el bienestar general o el interés público como un fin en sí mismo, sino en la libertad individual como un medio para arribar, indirectamente, a tales fines. Vid. NOZICK, Robert. Anarchy, State and Utopia. Nueva York: Basic Books, 1974; HAYEK, Friedrich. Caminos de servidumbre. Madrid: Alianza Editorial, 2001.

[9] Aquí cabe distinguir entre lo que se denomina libertad negativa y libertad positiva. La primera consiste en que nadie puede interferir en mi ámbito de autonomía individual y la segunda en que, en ciertas ocasiones, dicha intervención es posible a fin de hacer posible la libertad. El libertarismo avala la libertad negativa y rechaza, de forma contundente, la libertad positiva. Para una comprensión mayor de ambos conceptos de libertad véase: BERLIN, Isaiah. Cuatro ensayos sobre la libertad. Madrid: Alianza Editorial, 1994.

[10] La replica de Cohen se dio en el contexto del famoso ejemplo propuesto por Nozick para sustentar su teoría. Según Nozick imaginemos que somos ídolos de Wilt Chamberlain, un famoso basquetbolista que esta dispuesto a dejar su actual club si no se mejora su contrato. Su club ha propuesto, a fin de que Chamberlain no deje el equipo, que los hinchas depositen una cantidad ínfima de dinero (25 centavos) en una urna cada vez que van al estadio a verlo jugar. Al final ese dinero es entregado a Chamberlain como un monto adicional al que percibe en su condición de jugador estrella. Nozick refiere que si los hinchas están dispuesta a abonar ese dinero y no hay nada de malo en eso (dado que no se ha obligado a nadie a hacerlo, ni tampoco se le ha quitado nada a nadie ni se ha reducido el sueldo de los otros jugadores) por qué el estado tendría que impedirlo. Vid. COHEN, Gerald. “Robert Nozick and Wilt Chamberlain: how patterns preserve liberty”, en: Erkennttis 11, pp. 216.

[11] Como menciona Roberto Gargarella: “Por qué no afirmar, razonablemente, que para que cada uno pueda diseñar su vida es necesario, además, que el Estado le garantice ciertos beneficios básicos de seguridad social. Nozick podrá decirnos, ante este reclamo, que sí comenzamos a hacer exigibles ciertos derechos positivos ponemos en serio riesgo la posibilidad de que cada uno moldee a su criterio su propia vida: siempre se nos podría exigir algún sacrificio adicional, en pos de mejorar las condiciones de algún otro. Ahora bien, Nozick tendría un punto a su favor si sólo evaluáramos las cargas que podría imponer un Estado “bienestarista”. Sin embargo, parece razonable mirar también las implicaciones que pueden derivarse de la “ausencia” de tales compromisos estatales: muchísimas personas carecerían de las más elementales posibilidades para tomar control sobre sus propias vidas”. Vid. GARGARELLA, Roberto. Las teorías de la justicia después de Rawls. Barcelona: Paídos, 2004, pp. 48.

[12] RAWLS, John. Teoría de la justicia. México: Fondo de Cultura Económica, 2005; DWORKIN, Ronald. La democracia posible. Barcelona: Paidos, 2009; DWORKIN, Ronald. Los derechos en serio. Barcelona: Ariel, 1996; NINO, Carlos. La constitución de la democracia deliberativa. Barcelona: Gedisa, 1997.

[13] MARX, Karl. Manifiesto del partido comunista y otros escritos. México: Grijalbo, 1989; COHEN, Gerald. Karl Marx´s Theory of history: a defense. Princeton: Princeton University Press, 1978.

[14] La alusión al socialismo planteada, obviamente, posee un cariz despectivo en el sentido de que esta corriente de pensamiento, en la realidad antes que en el campo de las ideas, ha derivado en autoritarismo lo cual no se condice, necesariamente, con los hechos (en Chile, por ejemplo, gobernó durante 20 años una coalición política integrada por el Partido Socialista, de la misma forma que en Uruguay, actualmente, ocupa el poder un líder de abierta ascendencia socialista como José Mujica). Sin embargo, y a fin de dejar sentada mi posición respecto a este punto, es que replicó la interpretación, aunque errónea, del socialismo presentada por los críticos de la ley zanahoria.

[17] SUNSTEIN, Cass y THALER, Richard. Nudge : improving decisions about health, wealth, and happiness. New York: Penguin Books, 2009.