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La Corte IDH y la democracia de Maduro

La Corte Interamericana de Derechos Humanos se pronunció ayer sobre el cierre de Radio Caracas ocurrido cuando aun era Presdidente Hugo Chavez. A vuelo de pajaro la sentencia se basa en la presunta afectación a los derechos a la libertad de expresión, debido proceso, igualdad, entre otros.

El desarrollo argumentativo de la sentencia centra su atención, en esa medida, en dos aspectos que, para quienes estamos interesados en la libertad de expresión en nuestros países, resultan de la mayor importancia. Estos son: i) la renovación de la licencia a radio Caracas por parte del gobierno venezolano, y ii) los alcances de las denominadas limitaciones indirectas a la libertad de expresión.

Por una cuestión de espacio no puedo explicar en detalle de que va cada uno de estos puntos, pero si me interesa resaltar, en todo caso, un aspecto que tambien ha sido mencionado por Martin Becerra en un brevisimo comentario en twiter: que la CIDH no parece responder con claridad hasta cuándo y en qué medida un medio de comunicación, en este caso una radio, puede hacer uso del espectro electromagnetico sin que ello suponga, paradojicamente, una limitación a la libertad de expresión y de información de aquellos medios que no gozan de ese mismo privilegio. La respuesta de la Corte frente a ello parece ser que se liciten, en un tiempo prudencial, las licencias pero tampoco da (buenos) argumentos para sostener su punto. No señala, por ejemplo, cómo y quién, y bajo qué parametros deberían llevarse a cabo estos concursos (y ojo que no hablamos de un escenario de máximos sino de minimos que discipline aquello que los estados pueden y no pueden hacer en materia de libertad de expresión a la luz de la jurisprudencia de este órgano internacional).

Quedan varias preguntas abiertas: ¿de qué manera afecta, o contribuye, esta sentencia a la doctrina contra la concentración de medios?, ¿seguirán pensando los seguidores (y adlateres) de Maduro que Venezuela es un ejemplo de democracia y progresismo en la región?

El humor del líder máximo

Las revelaciones hechas la semana pasada en el Diario El País –a la postre uno de los medios internacionales junto al New York Times, The Guardian y Le Monde que publican los cables de wikileaks– acerca del perfil psicológico del presidente Alan García no debería llamar a nadie la atención, primero, porque no dicen nada nuevo acerca de la personalidad de Alan García y, luego, porque muestran –critica harto frecuente en los últimos días- que el contenido de muchos de estos cables no son sino chismografía barata y sin sustancia. En efecto, los famosos wikileaks evidencian, salvo honrosas excepciones, que la diplomacia americana se concentra demasiado en aspectos frívolos y poco corrientes para entablar relaciones con otros países o conspirar contra aquellos que amenazan sus intereses, deteniéndose en tonterías del tipo: se dice que fulano es bígamo, o hay pruebas de que sutana es inestable, como ha ocurrido en el caso, ya mencionado, de Alan García o en el de la presidenta argentina Cristina Fernández.

En el Perú las infidencias de wikileaks han sido tomadas de manera despreocupada. El canciller ha dicho, por ejemplo, que no le preocupa lo revelado por wikileaks y que, en todo caso, lo único que prueba es que los Estados Unidos realizan un trabajo diplomático, por decir lo menos, bastante deficiente. El presidente García, aunque con otro tono y con menos eufemismos, ha repetido lo mismo, señalando que el informe sobre su estado mental es una tontería digna de alguien que no tiene nada mejor que hacer y que no le afecta en lo absoluto (aunque por sus palabras y por su ego parece que le afectó y mucho). Lo revelado esta semana por wikileaks, sin embargo, da pábulo a muchos de los rumores que, desde la época en que fue presidente por primera vez, existen sobre Alan García: que es una persona con un ego colosal, que trabaja hasta altas horas de la madrugada y que, sobre todo, posee una personalidad bipolar, que lo exponen a constantes cambios de humor y que, en el mediano plazo, pueden ser contraproducentes para el Perú. Todo eso ya lo sabíamos antes ¿Qué ha cambiado, sin embargo? La preocupación de que la personalidad de nuestro mandatario vaya a generar problemas en el futuro no solo a nivel de las relaciones del Perú con los demás países, sino a nivel de la administración de la política interna, la cual, valgan verdades, se han visto profundamente afectadas por los desvaríos de García.

Lo revelado por wikileaks, en ese sentido, no es una novedad para nadie en el Perú, sí lo es, en todo caso, la preocupación de que a raíz de esta, diré, tautología, la personalidad del Presidente García afecte la política estatal en aspectos tan caros como el próximo proceso electoral o el gasto público para favorecer a determinados funcionarios o ahijados políticos. Los desvaríos de García siempre han parecido actitudes de matón de barrio que después de una buena llamada de atención (en este caso la llamada de atención provino de los Estados Unidos) tienden a apaciguarse; tras lo revelado por wikileaks esa llamada de atención debe provenir de todos los peruanos que, conocedores de los constantes cambios de humor de nuestro presidente, nos preocupemos esta vez por que no perjudiquen de manera significativa el rumbo de las pocas, pequeñas cosas que están yendo bien y que deben ir bien en el Perú. Es una invocación un tanto pueril, lo sé, puesto que las democracias consolidadas no tendrían porque preocuparse por el carácter de sus lideres, sino, simplemente, por que hagan bien su trabajo, pero legitima al fin ya que, como señala el cable de wikileaks, el Perú es, a pesar de los avances que ha realizado, todavía una democracia muy débil que por el humor de su líder máximo, o puede sucumbir en un hoyo o seguir, presuroso, su tránsito rápido hacia el desarrollo.