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La verdad de las mentiras

 

Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa ha escrito hoy en su columna dominical del Diario El  Comercio que “el chuponeo” es un rezago de la dictadura de los años 90.  Su análisis se centra en la forma como, a partir de la difusión de  82 audios que implican a políticos y empresarios en grandes negociados, se ha desatado una ola de rumores que apuntan a la miseria más intima del gobierno. Sin embargo, Vargas Llosa parece no creer en la tesis de que todo (“todo”) tiene un punto en común con el Presidente Alan Garcia:

Aunque el presidente García no ha sido personalmente afectado por el escándalo —los audios prueban que hacía tiempo se negaba a recibir al ex ministro implicado, y en un discurso ha llamado “ratas” a los protagonistas— el episodio provocó la caída de todo el Gabinete y, ahora, ha tenido un rebrote publicitario con la captura de los “chuponeadores”: una compañía llamada Business Track, de la que forman parte varios oficiales de la Marina de Guerra, algunos en activo y otros en situación de retiro. Los registros policiales de los ordenadores y archivos de la empresa en cuestión, y la aparición de más de ochenta nuevos audios que llegaron misteriosamente a manos de un periodista han provocado toda clase de conjeturas. Se habla de una vasta clientela de individuos y empresas particulares que encargaban las ilegales interceptaciones de Business Track y otras compañías de la misma índole —por lo visto hay varias en plena actividad— para servirse de ellas contra sus competidores o en problemas más íntimos, como los pleitos de divorcio. Decenas y acaso centenares de personas del mundo profesional, industrial y comercial operando en la más flagrante ilegalidad y sin el menor escrúpulo.

Un argumento posible para explicar la posición de Vargas Llosa puede ser  la simpatia entre “sus ideas” y las que actualmente predica el Presidente , sobretodo en el campo económico:

El Perú anda mucho mejor de lo que estaba en aquella década infame, por supuesto. Desde el año 2000, con los tres presidentes que ha tenido desde entonces, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo y Alan García la democracia ha funcionado pasablemente bien en lo esencial —elecciones libres, libertad de prensa, independencia de poderes— aunque sus imperfecciones sean todavía grandes en razón del subdesarrollo, y la buena política económica seguida por los tres ha traído al país un crecimiento y una buena imagen internacional para los inversores sin precedentes en nuestra historia. Acaso lo más sorprendente de estos años haya sido la evolución del presidente Alan García hacia una filosofía liberal y moderna que (en buena hora para el país) defiende y aplica contra viento y marea, incluso contra buen número de sus propios compañeros de partido que siguen anclados en el pasado, sin importarle la impopularidad. El resultado es que, a diferencia de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, el Perú, con su apertura al mundo, su apoyo a la empresa privada y su implantación en todos los grandes mercados internacionales, resiste bastante mejor que el resto el cataclismo financiero internacional.

No estoy de acuerdo con MVLL. El gobierno, en efecto, ha sido disciplinado en el manejo de la economía. Pero no ha sido responsable  para derivar los beneficios de  ésta a los sectores más necesitados. Actualmente no existen programas sociales, y los que habían han sido desactivados en los últimos años. La inversión en educación es nula, y la falta de calidad de los servicios públicos creciente.

Es cierto que la disciplina económica le ha permitido al país encarar con éxito los desafios de la globalización. Pero es cierto también que la economía no basta para lograr que el Perú  se convierta en un país desarrollado. Una critica más aguda debería tomar en cuenta además de los indices positivos de la economía, las enormes dificultades que, aunque suene contradictorio, ese crecimiento genera. Una de ellas,  talvez la más importante, la desigualdad social. En la medida que el gobierno no tome las acciones necesarias para combatir este flagelo cualquier esfuerzo, por grande o pequeño que sea, caerá en saco roto. No nos engañemos, no hay progreso posible sin equidad.