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Conversaciones electorales

 

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Durante esta semana he tenido la oportunidad de conversar con amigos, colegas, estudiantes, familiares, etc. sobre el riesgo que implica que el fujimorismo vuelva al poder. Digo, es un decir, para muchos de ellos no se trata, en lo absoluto, de un riesgo, sino: a) de una opción perfectamente legítima en democracia, b) de una opción, incluso, mejor que la otra, y c) de una opción que será igual de positiva o perjudicial, según se vea, que la otra.

Con mi interlocutor a) tengo coincidencias. En efecto, el fujimorismo es una opción legítima en democracia. Sería un despropósito decir que KF no puede ser candidata a la presidencia y en, en ese contexto, ser elegida Presidenta de la República. Pero esa coincidencia, básica, entra en problemas cuando pasamos más allá de los formalismos electorales y entramos en el fondo de sus propuestas, de su trayectoria, y de su entorno.

Con mi interlocutor b) tengo, en cambio, discrepancias totales. No creo que KF sea, ni por mucho ni por poco, una opción mejor que la de PPK. Y eso salvando el hecho de que PPK es un político de corte neoliberal que tiene muy presente que el motor del desarrollo es la economía, y más específicamente, el crecimiento económico. Yo, por caso, pienso que no es así, y que el desarrollo tiene que ver, más bien, con otros factores, azas más complejos que éste.

Pero bueno, decía que mi discrepancia con mi interlocutor b) era total. Él considera que KF pondrá mano dura para frenar el crimen y la delincuencia y que, a diferencia de los demás candidatos, es más dinámica y decidida. Le pido pruebas que demuestren su aserto. Y me responde: su padre ya lo hizo. Le respondo: pero ella dice que no es su padre. Me contesta: no importa, es solo para que no la molesten los caviares. Entonces ella miente. Pero no te hagas, todos mienten. Y entonces llegados a este punto me doy cuenta que su voto no es, precisamente, el más fundamentado. Pero decido darle una oportunidad más. Le pregunto: ¿y por qué crees que el gobierno de su padre fue bueno?, ¿No te acuerdas acaso de toda la corrupción que hubo? Me dice, algo molesto: hubo corrupción pero se acabó con el terrorismo. Si no hubiera sido por el chino ahorita no tendrías ni estudios, ni trabajo, ni nada. De repente ni estarías aquí. Entonces, para ti el chino luchó contra el terrorismo. Por supuesto, él puso el pecho contra los terrucos, no te acuerdas de lo de la Embajada. Claro que me acuerdo. Y fue una gran operación. Ah, ya ves. Entonces, ya te convencí (sonríe). Puede ser, pero eso me lleva a hacerte otra pregunta. ¿Cuál?. ¿Tú votarías por Montesinos? No, estás loco. Pero ¿por qué?, ¿acaso él no luchó también contra el terrorismo? (silencio).

Con mi interlocutor c) tengo un problema más dificil aún. Con mi interlocutor a) hablaba del presente, con mi interlocutor b) hablaba del pasado, pero con mi interlocutor c) me tocaba hablar de lo que desconocía, del futuro. Él me decía: la china y el gringo van a ser lo mismo. Igual que este sonso de Humala. Todos decían la gran transformación, la gran transformación, y al final no pasó nada. Se transformó en cosito, jajajaja. El problema con mi interlocutor c) es que es un polemista imbatible. Como habla del futuro, no tengo manera de demostrarle que lo que dice es falso. Se sirve de ucronias, que vaya uno a saber si se harán realidad alguna vez. Es como si nos pusiéramos a discutir sobre qué hubiera pasado si le ganábamos a Ecuador en Lima en las eliminatorias para Francia 98, o si el JNE no hubiera sacado de competencia a Guzmán.

Para saber si PPK o KF serán o no lo mismo tendría que conocer el futuro. Y no tengo, lamentablemente, una bolita mágica para saberlo. Lo que sí puedo saber, en todo caso, es qué candidato, a la luz de sus antecedentes y de su entorno, representa una amenaza, más o menos real, para mi bienestar y el de mi país. Y ahí es donde el presente y el pasado pueden decirnos algo. Pueden decirnos, por ejemplo, que KF no tiene experiencia de gestión alguna, y que su máximo logro ha sido ser congresista, y primera dama del gobierno más corrupto y criminal de nuestra historia. Pueden decirnos, además, que su entorno, en mucho, es el mismo que el de su padre, y que varios de sus más cercanos colaboradores están siendo investigados por delitos graves como el de lavado de activos y el de narcotráfico. Pueden decirnos, por último, que su equipo técnico está compuesto por profesionales con serios cuestionamientos éticos como  sucede, por ejemplo, con Hernando de Soto, quien en 1992 contribuyó a apañar el autogolpe, o como Elmer Cuba, que apenas un mes antes era el jefe de plan de gobierno del partido de Julio Guzmán.

Pero digamos que mi interlocutor c) no se da por vencido, y me replica: el 2011 era, exactamente, lo mismo. Todo el mundo decía la china va a ser como el padre, por eso hay que elegir a Humala. Y mira con qué nos salió. Ahora estamos peor que hace cinco años y la mujer prácticamente ha cogobernado. Y es ahí cuando, en efecto, me doy cuenta que en realidad mi interlocutor c) no quiere convencerme de que PPK y KF serán lo mismo –esa es su estrategia indirecta-, lo que en realidad quiere es convencerme de que como ambos serán lo mismo es mejor votar por la original, o peor aún, como serán lo mismo, da lo mismo votar por Chana o por Juana, por lo que si acaso voto por KF no debería sentirme mal, ni mucho menos.

Frente a un argumento tan cínico, entonces, se me ocurre responderle con otro: oye, pero no te acuerdas que hace cinco años los mismos que hoy piden votar por KF decían que votar por Humala era votar por Chávez, y que si ganaba éste, el Perú se convertiría en una especie de colonia de Venezuela. Él me mira y me dice: sí, puede ser. Pero es que tampoco sabíamos cómo iba a ser, pues. Exacto, le digo. No sabíamos cómo iba a ser. Se trataba de votar por el candidato que, en esas circunstancias, representaba el mal menor, y así fue como muchos, sin demasiado entusiasmo, decidimos votar por Humala. Ahora sucede algo semejante, solo que con un matiz adicional. Cuál. Que hoy la amenaza del fujimorismo –de lo que representa, de lo que representó para el país- es infinitamente más grande.

 

Sugerencias para el debate

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Si acaso me preguntaran que le recomendaría hacer a PPK para salir airoso del debate de mañana no dudaría en sugerirle lo siguiente:

  1. No lea, en ningún caso lea, bajo ninguna circunstancia lea. Si se olvida de algo, improvise. Si no recuerda una fecha o un dato en particular haga referencia a estos en términos generales. Es preferible ser vago y ambiguo con naturalidad, que claro y preciso con un papel al frente. Al final del día, la gente recordará más el gesto que el mensaje en sí. Y leer, ciertamente, es un gesto malísimo en un debate político.
  2. No confunda su participación en el debate con una clase magistral. Sus electores no son alumnos, ni tampoco desean enterarse de la situación del país, de las finanzas, y la crisis económica internacional a través de datos fríos y estadísticas. Créame, tiene más impacto decir: “la gente ya no sabe qué hacer para protegerse, porque en cada esquina le roban el celular”, que decir: “según el Ministerio del Interior la delincuencia ha crecido 20% este año”. Lo primero genera empatía y comunica una sincera preocupación por la situación que padecemos a diario, lo segundo lo convierte en un deslucido burócrata que evoca a los mismos funcionarios impasibles que nos han llevado a este desastre.
  3. No se deje convencer por quienes le dicen que el debate es, ante todo, un intercambio de ideas y argumentos. El debate no es, en lo absoluto, un intercambio de ideas –por lo menos no en esta oportunidad-, sino un intercambio de impresiones y gestos que generan –dan la sensación de- mayor confianza y empatía con los electores. A quienes le digan que en el debate debe ir a proponer cosas y a derrotar intelectualmente a su oponente, respóndales que, en realidad, lo que va a hacer es a demostrarles a todos que quiere ser Presidente.
  4. No haga de la puya el santo y seña de sus intervenciones. No caiga, pues, en el error de pensar que como el debate es político entonces debe dedicarse solo a atacar a su oponente. Al contrario, como todo en la vida, bueno es culantro pero no tanto. Use las puyas –la ironía y el ataque directo- cuando corresponda y solo como una estrategia para distinguirse de quien tiene al frente. Si convierte el ataque en su leit motiv corre el riesgo de generar desagrado y de pasar como un oportunista, como alguien que solo fue a atacar y a insultar a la otra candidata.
  5. Resumiendo, preséntese –dentro de lo posible- como un estadista. Como alguien que siente que esta ad portas de asumir la responsabilidad más difícil de su vida y que es muy consciente de ello. Como alguien que piensa que hay muchas cosas por hacer y por mejorar y que no podemos perder ni un minuto, y que por eso necesita el apoyo de todos los que están hartos de tanta mediocridad e ineficiencia. Muestre, en esa medida, a su oponente como alguien inexperta y que esta acompañada por una pandilla de inefables que no harán nada bueno por el país. Siembre el germen de la duda en su oponente y deje, eso sí, la puerta abierta al entendimiento y el consenso. Para decirlo en simple sea como Barack Obama pero con las mañas de Frank Underwood.