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Gomorra

La mafia italiana es ya legendaria. Quien no recuerda la estupenda trilogia de El Padrino, o como yo, con una grande admiraciòn, las pelìculas El reino del poder y Buenos muchachos, de Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, respectivamente. Ese mundo hecho a base de fuerza e intrigas es el que, con maestría, relata Roberto Saviano en su excelente libro “Gomorra”. Gomorra cuenta la historia entre bambalinas de la mafia napolitana, a la postre, la más sanguinaria y poderosa de toda Europa. Saviano sabe de lo que habla, durante mucho tiempo (toda su niñez y parte de su adolescencia) vivió en Napoles y conoció de cerca a varios de los lideres de la camorra napolitana. Años despues volvió a esa ciudad para hacer el inventario de los hechos. El más trágico, talvez: la forma como la mafia se extiende en campos tan vastos como el diseño de modas, el negocio de la construcción o el almacenamiento de residuos tóxicos. Esta versatilidad le da a la mafia un nivel de inserción en la vida política y económica tan grande que cualquier cosa que se haga para combatirla aparece  como pueril. La Mafia esta tan presente en el inconsciente de los pobladores de Napoles que estos no sólo no se atreven a combatirla, sino que conviven con ella, adaptando sus rutinas a las necesidades de aquella, a pesar de sus esperanzas o sus sueños. Gomorra es la historia de la mafia, sí; pero también es algo más, es la historia de la degradación humana a costa del poder y la violencia. La diferencia entre las películas y la camorra es que las peliculas tienen un punto final, y la camorra no. En ella las balas hieren de verdad, y la sangre … la sangre no se quita despues de una mala escena.

Eluana Englaro in memorian

Beppino Englaro, papá de Eluana

Beppino Englaro, papá de Eluana

Ayer fnalmente se puso punto final al drama que desde hace 17 años vivìa Eluana Englaro. En Periodicos y radios se ha destacado la decisión de la justicia italiana pero muy poco el valor y la entereza de Don Beppino Englaro, el papá de Eluana.

Don Beppino tuvo el coraje de llevar el caso de Eluana a los Tribunales de Justicia (pudiendo, como parece obvio en este tipo de casos, haber resuelto el tema a cambio de dos billetes de 100 euros dados a alguna enfermera competente). El papá de Eluana ha evitado que  se la muestre en pleno estado vegetativo, con el rostro hinchado y sin cabellera. En lugar de ello ha preferido que la recordemos joven, sonriente, como debía de estar si no fuera por el terrible accidente que cegó su vida.

El periodista Roberto Saviano, autor de la magnifica “Gomorra”, nos recuerda  que a fin de cuentas de lo que se trataba la terrible odisea de Don Beppiano era de un asunto de principios: ¿podría la justicia estar a la altura de un caso como éste?, ¿Hasta que punto la vida de una persona puede estar sujeta al arbitrio de la iglesia, del Estado o de políticos cinicos como Berlusconi?

Lo que ha faltado estos días, como siempre, ha sido la capacidad de percibir el dolor. El dolor de un padre. El dolor de una familia. El dolor de una mujer inmóvil desde hace años y en una situación irreversible y que había expresado a su padre una voluntad. Y que personas que ni siquiera la conocían y que no conocen a Beppino ahora pongan en duda esa voluntad. Y que demuestran poco o ningún respeto al derecho. Incluso cuando se considera que no es posible compaginar este derecho con la moral de uno, y precisamente porque es un derecho se puede ejercer o no. Ésta es la maravilla de la democracia. Comprendo la voluntad de empujar a las personas a no disfrutar de este derecho. Pero no a negar el derecho en sí. El espectáculo que en España, igual que en Europa, ha dado Italia de un país que ha especulado por enésima vez. Muchos políticos han vuelto a utilizar el caso Englaro para tratar de crear consenso y distraer a la opinión pública, en un país al que la crisis ha puesto de rodillas, y en el que la crisis está permitiendo a los capitales criminales devorar a los bancos, donde los sueldos están congelados y no parece que haya solución.